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Series Gringas

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Gossip Girl, I Carly, 90210, Glee, entre otras, se adueñan poco a poco de nuestra televisión y con eso, de las mentes simples de la clase autodenominada “alta”. Sólo tienen que ir a un centro comercial –aunque sea uno tan chafa como el de Coapa-  para confirmarlo. Todas se quieren sentir las grandes estrellas, con tacones altísimos que ni aguantan -¿para qué verdad? Si andan en coche-, ropa de la marca más costosa aunque sea sencilla y mediante voz de drogada hablan lo que se conoce vulgarmente como “spanglish”. Como el inglés está de moda y ell@s siempre están a la última, les da por hablar en su inglés dizque bien pronunciado que yo calificaría como exagerado: O sea, what happend to you?

Y lo peor del asunto es que los de clase media los quieran imitar aún cuando se vean ridículos: uasamara, tenkíu, sherap, uan moment pliís…

Imagínense que el alemán o el noruego estuvieran de moda ¿lo estarían diciendo tan frescamente? ¿No verdad? es más difícil y sus mentes simples no pueden asimilar la riqueza de esos idiomas, el inglés porque es fácil y corriente.

Claro que no se puede evitar que vean esos programas, pero si nosotros los hombres no queremos que esa plaga se propague  -a menos que ya estén propagados- no queda otro remedio que ignorarlas.

 

(Debo confesar que a veces me da por hablar inglés sólo después de ver una película y se me queda el acento, pero  soy diferente porque yo sé hablarlo, y  si no les gusta… zorri!

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Como la velocidad de la luz es mayor que la del sonido, ciertas personas parecen brillantes antes de que oigamos las pendejadas que dicen….

Decir del Ingeniero Páez

Si no fuéramos quienes somos

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Bueno, por si no se han dado cuenta, la sección de Me da por compartir, son cosas que leo y les comparto, como les ha dado por hacer polémicas acerca de que si los ingleses hubieran venido a México en lugar de los españoles, otra cosa hubiera sido, y ya que estoy en uno de esos países, recordé éste artículo de la revista Algarabía  76 dónde son recurrentes las reflexiones de Jorge Ibargüengoitia en esta ocasión les presento una reflexión —descarnada, carente de optimismo y, por eso mismo, divertidísima— acerca de una de las obsesiones de este escritor: la identidad del mexicano, en el supuesto de que hubieran sido otros, y no los españoles, los que hubieran arribado a tierras mexicanas en el siglo XVI.

El otro día, echándole una ojeada a estas páginas, encontré un artículo en el que, a propósito del monumento o del no monumento a Cortés, se planteaba la incógnita de qué sería México si en vez de por los españoles hubiera sido conquistado por los ingleses, los franceses o los holandeses.

Me quedé pensando en el problema y, a pesar de que estas disquisiciones entran dentro del género de la de «si mi tía tuviera ruedas», voy a permitirme poner aquí algunas de las ideas que me vinieron a la cabeza.

En primer lugar, se me ocurrió que la idea tan socorrida de que cada nacionalidad tiene un sistema de colonización que le es característico, es falsa. Como también lo es la de que haya razas de conquistadores humanitarios y otras de conquistadores inhumanos. La única regla general es que los pueblos conquistados son pueblos divididos, absortos en rivalidades internas e incapaces de presentar un frente común.

Aquí en México hay quien dice que los españoles vinieron con los brazos abiertos, se mezclaron con el pueblo, rieron y cantaron con él, produjeron gran mestizaje, le dieron al pueblo conquistado un idioma, una religión y leyes justas, y por último, España se desangró de tanto talento que se vino a las colonias. Por otra parte, hay quien dice que los españoles destruyeron nuestra cultura, nos explotaron durante 300 años y se fueron cuando no les quedó más remedio. Ahora bien, los proponentes de estas dos teorías contradictorias están, por lo general, de acuerdo en que si ser colonia española fue malo, haberlo sido inglesa hubiera sido peor, porque los ingleses tenían por sistema acabar con los indios y después, importar negros para hacer trabajos pesados.

¿Conquistados por pilgrims?

Una vez establecidas estas teorías, vamos a imaginar cosas que no ocurrieron. Vamos a suponer que a Veracruz, en vez de llegar Cortés, llegan los pilgrims. ¿Qué hubiera pasado? Mi impresión es que la cena de acción de gracias, en vez de comérsela los ingleses se la hubieran comido los indios, y en vez de guajolote hubieran tenido pilgrim. Esto hubiera ocurrido por dos razones fundamentales, que corresponden a las dos deficiencias que tenían los pilgrims como conquistadores en relación con los españoles: eran protestantes y venían con la familia. El protestantismo es una religión con la que no se conquista a nadie.

No es vistosa y no propone la obediencia como virtud. Por otra parte, el hecho de venir con la familia, que dio tan buenos resultados en un lugar escasamente poblado como era el norte del continente, en México hubiera sido mortal. Un hombre casado tiene menos necesidad de «fraternizar» con los nativos que un soltero. Hace su casa, siembra, ordeña la vaca y mata al que se le pone enfrente, o lo matan si son demasiados. Un soltero, en cambio, necesita que le hagan la comida y la cama. Su supervivencia estriba en establecerse como «pachá» y vivir rodeado de nativos que le hagan los mandados.

Pero también hay otras alternativas posibles. Los ingleses no sólo colonizaron E.E.U.U, sino también conquistaron la India ¿Cómo lo hicieron? Pues pusieron una tiendita, que con el tiempo se convirtió en Compañía de Indias y más tarde en el Imperio Británico. Pasaron siglos antes de que se les ocurriera enseñarles protestantismo a los hindúes y si les enseñaron inglés fue porque en la India había cientos de dialectos y ellos nunca tuvieron talento lingüstico. Fue una conquista comercial y tecnológica, no militar y cultural.

Si los ingleses hubieran venido a México y hubieran aplicado el mismo procedimiento que en la India, hablaríamos inglés como segundo idioma, entre nosotros nos entenderíamos en náhuatl, en el Zócalo, en vez de catedral, habría pirámides, una parte de nosotros estaría aquí y otra en los barrios pobres de Londres… Todo esto, claro está, siempre y cuando los conquistadores ingleses no hubieran acabado sacrificados a los quince días o a los veinte años de desembarcados.

Pero todo esto no ocurrió. No fuimos conquistados por un país de comerciantes y agricultores, sino por uno de militares y sacerdotes. No sólo nos conquistaron, sino que, además, nos dejaron irreconocibles. Por otra parte, nosotros, sin saberlo y sin ganas, fomentamos las malas mañas de los españoles y somos los principales responsables del fin de su imperio-por no decir del principio de su decadencia-. La plata que salió de América sirvió para que los españoles compraran cosas en el extranjero, contribuyó a la industrialización de Europa y dejó a España sin industria, y subdesarrollada en el siglo XIX. Por otra parte, la existencia de las colonias -americanas y europeas- aumentó la importancia de la clase militar, con los resultados que tenemos a la vista.

Para nosotros, la independencia no trajo consigo la igualdad, sino que dejó una clase que siguió comportándose como los conquistadores, con gran “señorío”. Que se sigue comportando igual a pesar de cien años de pleitos y cincuenta de justicia social.

¿Qué tal eh? Jorge Ibargüengoitia sabía lo que era ser mexicano y las consecuencias que habría si hubiera venido Inglaterra a colonizarnos. Yo creo que él tiene mucha razón, pero también se los dejo a ustedes para que reflexionen.

Funny Valentine

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Ahora que pasó el 14 de febrero no puse nada para que no pensaran que me uno a la celebración, pero ya es marzo y ya es hora de escribir sobre el caso.

Bueno, pues muchos de ustedes dirán que se llama San Valentín porque era un sacerdote que casaba a las parejas de enamorados y las arañas, pero yo les digo que nones, porque el catorce de febrero tiene su origen en la antigua Roma aunque se celebraba diferente.

En la Roma imperial, cada 15 de febrero se celebraba una fiesta en honor a Luperco, dios de la fertilidad. Durante las llamadas lupercales era costumbre que los jóvenes de ambos sexos eligiesen a sus parejas para practicar juegos eróticos e intercambiar tarjetas amorosas en las que escribían sus nombres. ¿Que cool no?

Hacia el año 496, la Iglesia Católica, que consideraba que esta fiesta era una costumbre pagana y lasciva, y que era malo para los creyentes, así que instituyó en la jornada anterior —el 14— el Día de San Valentín, en honor a un clérigo mártir del siglo III. Así que a comer camote partidarios de San Valentín.

Habría que esperar al siglo XV para que surgieran las célebres tarjetas de San Valentín, en las que alguien se calificaba de valentín o llamaba así a su amado, pasaron algunos años para que se industrializara toda esa cosa y  desde entonces hasta ahora, San Valentín se ha convertido en el gran negocio del amor que hoy conocemos, un día que los grandes almacenes anuncian con bombo y platillo y en el que regalar algo a la pareja resulta casi una obligación.

Pero en eso se empezaron a retomar las raíces griegas y romanas para achacarle el milagrito a Cupido el dios romano que corresponde al griego Eros, era la quintaesencia del amor. Según algunos nació en los mismos inicios del mundo, aunque otros afirman que el Universo surgió gracias a su unión con Caos. Más tarde fue destacada su calidad como hijo de Afrodita y como ideal masculino del amor. Entonces se le pusieron alas y se le dotó de un arco. Poco a poco se fue trivializando su figura, mostrándolo como un niño rollizo, travieso y simpático; un caprichoso querubín que hasta hoy sigue disparando las flechas del deseo.

Claro que algunas chicas católicas han cambiado a esa horrenda divinidad pagana y le han pedido milagros de amor a su querido San Antonio a quien suelen poner de cabeza para pedir novio.

Aunque para mi todo esto no me va. Yo prefiero celebrar lo que hacían los lupercales todos los viernes trece en honor a la diosa nórdica del amor: Freya. ¿Qué les suena el viernes 13? Claro, es por eso mismo, pero la Iglesia como le gusta meter su cuchara en todo viendo estas juergas eróticas decidió decretar que los viernes 13 eran de mala suerte y hay mucha gente que se la cree. Por lo mientras, este abril hay un viernes 13 ¿ya pensaron con quien celebrar a la diosa Freya?

Fiestas que no deberíamos celebrar

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Pocas cosas son más resbalosas que una oración sin sujeto determinado. Por ejemplo, en la frase «Dicen que se va a acabar el mundo», ¿quiénes dicen? ¿Los antiguos mayas, las profecías de Nostradamus, los catastrofiambientalistas, científicos de un observatorio astronómico tras observar un cometa en trayectoria hacia la Tierra… o mi primo Nabor y su equipo de futbol llanero? Así pues, para no dar lugar a equívocos mayores, empecemos por definir el sujeto de la oración «No deberíamos celebrar».

Quienes no nos cocemos al primer hervor de la olla y somos testigos del devenir de la globalización, quizá nos sobresaltemos por grupos de niños y adultos disfrazados de vampiros, brujas o Frankensteins, que salen a pedir «su calaverita» el primer día de noviembre. El mismo estupor provocan quienes se empeñan en esconder huevos multicolores «puestos» por un conejo al terminar la Semana Santa, o peor, comparten el pan y la sal en «Tenksgivin». ¿Qué nos impulsa a celebrar esas fiestas, y por qué no deberíamos hacerlo?

Al decir deberíamos —conjugación en pospretérito del indicativo del verbo deber, en su acepción de «tener la obligación de hacer algo»—, el sujeto tácito es la primera persona del plural nosotros, que corresponde al conjunto de hijos de padres mexicanos que nacimos y vivimos en territorio mexicano y que, aun cuando podemos tener alguna ascendencia anglosajona, escandinava, árabe, africana, asiática o melanésica, básicamente somos producto del mestizaje entre los indígenas de Mesoamérica que se asentaban en estas tierras y los españoles que las sometieron mediante el poderío militar entre los siglos xvi y xviii. Unos cien millones de individuos que, para bien o para mal, comemos tortillas y chile, y saludamos al lábaro tricolor del águila y la serpiente.

Este grupo comparte, en términos abstractos y generales, una «biografía colectiva»; esto es, una serie de rasgos culturales heredados de los procesos históricos de este país. Entre otras cosas:

  • Una lengua, el español, impuesta por los conquistadores europeos, y que luego de diversas influencias, se convirtió en el «español de México», algunas de cuyas manifestaciones son nuestros nombres del santoral católico, nuestros apellidos españoles,y un cúmulo de obras escritas en ese idioma que nos dan contexto histórico e ideológico y sentido de identidad.
  • Una historia, que en la versión oficial adoctrinada por el Estado, gira en torno a la exaltación grandilocuente de «los héroes» y de las guerras que definieron violentamente la geopolítica y la identidad del México actual —la Conquista, la Independencia, las intervenciones, la Reforma, la Revolución.
  • Una tradición religiosa, la católica, que según los censos corresponde a cerca de 80% de la población, y que históricamente ha dictado una importante porción de nuestro marco moral, de costumbres y festividades.

 

¿Qué tan oportuno es celebrar el Halloween? ¿De qué nos toca si a la tradición religiosa de México corresponde un sincretismo entre la fiesta católica de «Todos los Santos» y las visiones prehispánicas del paso al inframundo, que llamamos «Día de Muertos»?

Mujeres… bah!

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No estoy muy seguro de contarles esto,  igual y se ríen pero ya abrí la boca y ni modo de cerrarla. Tampoco sé si les haya pasado lo mismo que a mí aunque supongo. No soy  exclusivo. ¿Han visto cuando a un chico le gusta una chica o por lo menos  pone su cara libidinosa en el escote? Dirán que se sienten maripositas en el estómago sudor en las manos y se ponen como puberto ¿sí? Pero no porque ¿cómo les explico? Con eso de la revolución femenina los hombres nos sentimos más intimidados, como si nos quitaran parte de nuestro territorio porque ahora las mujeres tienen incluso más pantalones que algunos de nosotros. No voy a decir que todas las chicas; tradicionales y mojigatas quedarán en el mundo, pero está difícil identificarlas. He visto chicas osadas y atrevidas con pantalones, playerita y tenisistos, todo de lo más casto.  Pero también he visto chicas hijas de familia que traen medias rotas peinado de Amy Winehouse y kilos de maquillaje negro, pero siguen esperando que uno siga teniendo la iniciativa. Por eso nos intimidan, porque ya no se sabe con cuál de las dos estás tratando o si con una mezcla de ambas.

 

Pongamos de ejemplo a una mujer conservadora, de 27 a 30 años,  soltera y de no malos bigotes. Si yo tuviera unos años más con mucho gusto ¿ajá? Pero  a primera vista resulta difícil saber si quiere que yo tome la iniciativa o no. Puede lucir muy independiente y segura de sí misma, pero en el fondo puede ser una cursi de lo peor. Tal vez al verme ponga cara de no me toques pero como que sin querer se le desabrochó un botón del escote ¿cómo carajos voy a saber si se trata de una maniobra deliberada o sólo un simple accidente? Como la maniobra de la pluma ¿sí? Se les cae junto al chico en cuestión y esperan a que la levante, si él sonríe le echan un comentario, pero si no, lo olvidan o se empeñan más; eso es fácil de detectar. Pero si te ven con ojos de pistola ¿qué? ¿es sí o no? Por eso nosotros recurrimos al método de las indirectas y la liberación del perfume propio. Que de esto último casi no nos damos cuenta, pero también las mujeres lo hacen y creo que ellas más o menos lo pueden regular y deciden con quien sacarlo sin temor a confusiones. Por eso siempre he dicho que las mujeres tienen algo de hechiceras ¿han visto a algún hombre manipular así como así sus emanaciones reproductoras? ¿No verdad? Pero nos salimos del tema, estábamos en las indirectas. Si nosotros decimos con cara de amor  “practica deporte” y ellas dicen “Sí tienes razón es bueno para la salud”, es obvio que  no están en la misma frecuencia ni de chiste. Pero si lo decimos y la chica nos sonríe, ni que decirlo, ya tenemos de menos la mitad.

 

Y no hay peor ciego que el que no quiere ver, si las casi casi le dices directamente “eres preciosa”, “te quiero mucho”, “quiero estar contigo” y ella contesta: “gracias eres un buen amigo”, entonces ya ni buscarle. Aunque también se esté haciendo la que la virgen le habla y te capte todo pero no quiere romper tu corazoncito. Eso también se nota si se voltea para no verte a los ojos. Pero en estos casos ella es la que se resiste a ti y no sé, digamos que no le gusta tu físico, o tu manera de ser, o no eres su tipo como suelen decir. Ahí hay que ganarla por otros lados: no se puede resistir a sus amigas o por lo menos no hay tanta oposición de su parte. Si le caes bien  a las amigas, te la ganas; ellas actúan a tu favor y la chica en cuestión termina oyendo tus plegarias a través de un intermediario, pero lo mejor de todo es que ellas le suben la autoestima: “sí quiere contigo, anda anímate no está tan mal, lo haces sufrir”, y así como que se empieza a compadecer de su admirador, y está dicho por ellas mismas: “si te enteras que le gustas a alguien ya no lo ves con tanta indiferencia, incluso hasta te puede gustar” y eso no lo digo yo, me lo dijo una linda chica. No quería decirlo, pero eso les alimenta la vanidad que traen de fábrica: las flores que le echan.

 

Y con esto  habría que preguntarle a sus amigas si se sonrojó o si dijo “ay no como creen” con una ultrasonrisa. Si de plano contestó feo o se enojó o ni le importó, ya chafeaste; pero cuidado porque detrás de la indiferencia a veces lo hacen para no delatarse, así que atentos.

Pero para que desperdicio mí tiempo explicándoles. Si las mujeres quien liberación femenina que lo hagan bien o que nos digan directamente que quieren, no nos ofendemos. Pero si no, entonces solo déjenos hacer el trabajo que hemos venido haciendo por siglos, nuestros genes nos indican el camino.

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